La valoración preoperatoria comienza determinando si existe una indicación adecuada para la intervención y si los beneficios esperados justifican sus riesgos. Posteriormente se estudian las características específicas del procedimiento y del paciente.
La evaluación puede incluir historia clínica, medicación habitual, alergias, antecedentes quirúrgicos, exploración física, pruebas de imagen y estudios preoperatorios. Dependiendo de la intervención y de las condiciones del paciente pueden ser necesarias valoraciones adicionales.
Los riesgos no son idénticos para todas las cirugías. Entre los aspectos que pueden valorarse se encuentran sangrado, infección, alteraciones sensitivas, cicatrización, estabilidad ósea, problemas oclusales y riesgos anestésicos, además de complicaciones específicas de cada procedimiento.
Un consentimiento informado adecuado no consiste únicamente en firmar un documento: requiere comprender la indicación, las alternativas razonables, las limitaciones y los riesgos relevantes del tratamiento propuesto.